Opinión sobre los resultados electorales de 2011

Aunque me alegro por los votantes del PP, y aunque nunca entenderé la parafernalia fiestera que se monta siempre el vencedor de unas elecciones como si hubiera ganado la lotería, tenido un buen ascenso en el trabajo o estuviera celebrando una despedida de soltero, la primera impresión que tengo después de conocer los resultados del escrutinio de estas Elecciones Generales 2011 es tristeza porque los españoles no hemos querido salir del bipartidismo reinante. Es cierto que el PP ha ganado 17 escaños más que en las Elecciones de 2008 y que el PSOE ha caído al abismo con 44 escaños menos que en 2008, pero si miramos las cifras de la cantidad de votos recibidos, el primero ha ganado sólo 400 000 votos y el segundo ha perdido 3 000 000 votos.

Pero quizá para confirmar este hecho hay que irse a las pequeñas fuerzas políticas, las cuales en puridad, son las ganadoras de estas elecciones debido a su aumento del número de votos con respecto a los comicios de 2008. IU ha pasado de prácticamente 1 millón de votos en 2008 a sobrepasar el millón y medio (de 2 a 11 escaños); CiU obtuvo 800 000 votos en 2008 mientras que en estas elecciones ha conseguido superar el millón (de 11 a 16 escaños); UPyD pasó de los 300 000 al 1 100 000 de votos, un aumento más que considerable (de 1 escaño a 5) y Amaiur, de no tener ninguna representación a conseguir más de 300 000 votos (7 escaños). Si sumamos estos incrementos obtenemos una cifra aproximada de 2 millones de votos que antes estaban repartidos entre el PSOE, el PP y el voto en blanco o nulo.

Y estas son mis conclusiones:

  • A pesar de que el electorado le ha dado al PP en estas Elecciones sólo 400 000 votos más que en los anteriores comicios, esto no le ha impedido a la derecha una aplastante mayoría absoluta y el mayor poder que ha tenido desde los inicios de la democracia, claramente superior al obtenido por Aznar en el año 2000.
  • El PSOE, probablemente debido a la gestión de la crisis y a los recortes, ha obtenido los peores resultados de su historia y su electorado le ha castigado duramente. ¿Habría ocurrido igual si hubiera estado el PP en el poder?
  • El bipartidismo, a pesar de los resultados finales, pierde votos. Si sumamos los votos ganados por el PP y el PSOE en 2008, éstos arrojan la cifra de 21 600 000, mientras que en estas Elecciones es de 17 900 000 votos, una diferencia de casi cuatro millones menos de votos.
  • Obtienen mejor resultado los partidos pequeños, sobre todo IU y UPyD, aunque la división del país en circunscripciones electorales hace muy difícil que estos partidos de alcance nacional consigan una representación justa frente a los partidos nacionalistas, que aunque suelen tener sólo representación en sus respectivas comunidades obtienen menos votos pero más escaños que los primeros mencionados.
  • Por tanto, según nuestra Ley Electoral, tiene más representación en el Congreso un partido que ha obtenido mejor resultado electoral, digamos, en Cataluña únicamente, que el partido cuya la suma total de sus votos es mayor pero no alcanza en ninguna Comunidad Autónoma los necesarios para hacerse con un escaño. Esto no ocurriría si existiera la circunscripción única, es decir, que todos los votos se sumaran y en basa a dicho total se repartieran los escaños.
  • Que no hace falta mucho esfuerzo para ganar unas Elecciones Generales.

El PP va a disfrutar de un poder enorme durante los próximos cuatro años de legislatura y es muy probable que se dedique a legislar siguiendo sus preceptos neoliberales, esos mismos que nos han llevado a todos a esta crisis mundial tan terrible. El PP tiene como modelo muchas políticas similares a las que tienen los republicanos estadounidenses y entre las que se encuentran la privatización de todo aquel sector público que sea rentable: sobre todo el sistema de salud y la educación. Yo todavía no puedo entender cómo es posible que un candidato a la Presidencia de un país que se dice de primer mundo, que lee siempre sus discursos e incluso sus intervenciones en un debate televisado y que no contesta casi nunca claramente a las preguntas de qué va a hacer si gobernara, haya llegado al Gobierno. Sin hacer nada. Repitiendo una y otra vez el mismo mantra de “para crear empleo tenemos que crear empleo”, “para salir de la crisis hay que ser fuertes y salir de la crisis”, etc. O sea que con esta experiencia que nos deja Rajoy hemos comprobado cómo cualquiera puede ganar las elecciones con el mínimo esfuerzo, simplemente cruzando los dedos a la espera de una situación dañina para el país (como esta crisis) y presentarse una y otra vez a las Elecciones hasta que el electorado quede harto del “otro partido”, es decir: esperar y no hacer nada.

Aunque respeto profundamente a los votantes del PP y les felicito por su victoria (¿pero qué es lo que han ganado? ¿salga el partido que salga no nos tendríamos que felicitar todos por vivir en un Estado social y democrático de Derecho que garantiza una serie de derechos y libertades fundamentales?) no me creo que Rajoy ni el PP vaya a gobernar para todos los españoles. Por la sencilla razón de que durante la campaña electoral se ha guardado muy mucho de decir lo que va a hacer en esos temas especialmente espinosos como el matrimonio homosexual, la Ley del tabaco, la eliminación de la Ley de dependencia, la privatización encubierta de la salud y la sanidad que ya está llevando a cabo su propio partido en ciertas Comunidades Autónomas en las que gobierna, y también porque la derecha lleva en su ADN un modelo de gestión en el que no priman nunca las clases sociales más bajas: los trabajadores, los pobres, las familias desarraigadas. ¿Por qué afirmo esto? Pues porque ya han dicho más de una vez (o se les ha colado sin querer) que van a quitar la Ley de dependencia y porque se han dedicado a poner todo tipo de trabas en sus Comunidades para no aplicar dicha ley o aplicarla a medias.

Yo no he votado ni al PP ni al PSOE. Los motivos los he explicado en un artículo anterior. Digo esto porque aquí estoy arremetiendo con el PP por haber ganado las Elecciones y del PSOE no digo mucho, algo que me podría granjear la etiqueta de afín a dicho partido. Nada más lejos de la realidad. Siempre digo lo mismo: un partido que en sus siglas lleva la palabra «obrero» y que dice ser de izquierda y socialista no puede haber aplicado los recortes sociales que ha puesto en marcha. Por mucha presión que hubiera llovido de Berlín o París. Y no hay nada más odioso en este mundo de la política que un partido que traiciona sus ideales y por tanto a todos sus votantes que lo sustentan, como es igual de obsceno que Felipe González, ese obrero socialista, esté montado en el dólar al haber sido nombrado consejero de Gas Natural, lo que le reporta pingües beneficios. En cambio con el PP no encuentro situaciones de traición a ninguno de sus ideales, pues aunque no los expresen en voz alta todos sabemos que son la derecha, y según de quién hablemos, la extrema derecha proveniente del régimen anterior (a las pruebas me remito y las pueden encontrar aquí, aquí, aquí y aquí, por dar sólo unas pocas). Es posible (o no) que Rajoy nos saque de la crisis, pero intuyo que será aplicando la técnica maquiavélica de que el fin justifica los medios: saldremos, pero habiendo pagado un alto precio, un precio que ya empezamos a amortizar con quienes en principio debían hacer lo imposible porque el monto fuera lo más bajo posible: el PSOE. Intuyo que esta coyuntura de crisis, ergo dificultades, será aprovechada por el PP para realizar los primeros pasos de la privatización de sectores como el sistema público de salud y el de enseñanza (ya lo están haciendo a nivel regional). Y ahora con mayor holgura gracias a su aplastante mayoría absoluta. Y esto no beneficia a nadie, absolutamente a nadie. Ni siquiera a los propios votantes del PP de clase media. Porque lo que está ocurriendo es lo que decía ese al que nadie escucha, Llamazares, en el debate a cinco: «vivimos en un estado del medioestar, cuyo futuro pinta aún mucho más negro si la clase política no se pone firme y le reclama la reparación a quienes debe reclamársela. Y no precisamente a los ciudadanos…».

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