Reflexiones sobre el #15-M y #acampadasol

He vivido en el extranjero toda esta fiebre popular espontánea del 15-M con una emoción única. Y no es la primera vez que algún acontecimiento de tal envergadura me pilla fuera de España. Por citar sólo unos cuantos ejemplos, cuando en 1997 residía en Alemania, mi primera experiencia fuera de casa, viví con estupor los acontecimientos entorno a Miguel Ángel Blanco; las Elecciones Generales en España de 2000 en las que el PP de Aznar arrasó me pillaron como estudiante de intercambio Erasmus en Italia; la manifestación contra la intervención en Irak en 2003 y los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid ocurrieron durante mi segunda residencia en Alemania, ya trabajando y estudiando.

De haber estado en Madrid durante esos días estoy seguro que habría asistido a Sol para apoyar la iniciativa de los indignados. Pero no pudo ser, y  una vez más tuve que calmar las ganas de regresar deglutiendo las noticias a través de los medios de comunicación, blogs y medios alternativos de información vía Internet. Mi primera reacción fue de incredulidad e indignación doble, y la plasmé en una entrada en la que arremetía contra los medios de comunicación tradicionales por la cobertura segada de los acontecimientos. La portada de Menéame (una página web en la que los usuarios envían, votan y promocionan noticias) era un hervidero de noticias provenientes de innumerables fuentes —todas ellas originarias de blogs y periódicos online alternativos— que iban relatando prácticamente en directo lo que estaba ocurriendo tras la convocatoria de manifestación el 15 de mayo pasado.

El hecho de estar en el extranjero mientras la gente «tomaba» las plazas de las ciudades más importantes de España me produjo una sensaciones encontradas. ¿Por qué? Pues porque incluso aquí en Colombia llegaron los ecos de esa especie de revolución ciudadana. Se convocaron concentraciones frente a la Embajada de España en Bogotá los días 19, 20, 21 de mayo (puede que incluso también el 22), los medios escritos tanto online como impresos dieron la noticia con el tratamiento propio de un evento lejano y algo anecdótico. Pero la guinda la puso el canal de televisión privado de difusión nacional RCN cuando solicitó a un profesor español de Historia de la Universidad de la Sabana que hablara y explicara lo que ocurría en España. Este buen hombre, de cuyo nombre no logro acordarme, vino a decir algo así como que las protestas de los indignados estaban promovidas por grupos de ultraizquierda y colectivos hippies (le faltó añadir perroflauta, pero aquí en Colombia nadie le habría entendido) que vieron la ocasión para montar su chiringuito. Con la intervención de este «señor» la sensación de rabia aumentó varios grados, al igual que la impotencia de no poder hacer nada salvo lo que estoy haciendo ahora: escribir sobre ello.

Politización y manipulación

Una de las preguntas que me he hecho estos días es cómo es posible que en ciertos sectores, principalmente conservadores, se critique tan fuertemente la manifestación ciudadana en forma de acampadas desde el día 15 de mayo. Independientemente de si la protesta se ha convertido en una excusa para que los grupos de ultraizquierda tomaran la calle e impusieran su hartamente criticado modus operandi (con talleres de pintura, danza, espiritualidad, etc.), lo cierto es que el saldo final de este movimiento es, en mi opinión, un potente aviso a la clase política y un precedente inquietante. Lo que la gente quería con aquella concentración espontánea era concienciar a los demás de que el sistema es injusto y está diseñado para perpetuar los privilegios de aquellos que controlan el sistema: los políticos, los banqueros, los grandes empresarios, los que de alguna forma ostentan el poder de influenciar en los demás.

Este movimiento espontáneo que surge de la imposibilidad de los ciudadanos de tragar más mierda y soportar más precariedad y por tanto de gritar por un mundo más justo tiene en cuenta a la totalidad de los ciudadanos, es más, precisa de todos los ciudadanos, independientemente de su sexo, raza, religión, procedencia e ideología. Este movimiento exige un sistema más justo para TODOS. Entonces ¿cuál es el motivo por el que el sector conservador manipuló de forma tan vergonzosa y burda?:

La charla

Hablando sobre este tema con un amigo llegamos a la conclusión de que a) no fueron sólo los medios de comunicación de derechas los que manipularon las protestas sino que fueron los medios de todos los signos políticos, también la izquierda:

b) que es cierto que los medios como Intereconomía (el primer vídeo de arriba), de haber una competición en zafiedad, se habrían llevado el primer premio.

Estas son las portadas de dos diarios conservadores el día 19/05/2011:

Yo creo que su encono puede estar motivado por dos razones:

  1. Que son estómagos agradecidos que no pueden morder la mano (de los lobbies) que le da de comer —por lo demás, algo común en todos los medios, independientemente de su inclinación política— o
  2. Que no entienden de verdad lo que está pasando, ni quieren entenderlo.

Porque lo que está pasando es sencillamente que los ciudadanos ya no aguantan más los abusos de la clase política y que han decidido organizarse para que esto cambie y el cambio sea más justo para todos. Repito: para TODOS. Lo interesante de este «TODOS» es que incluye de verdad a todos los ciudadanos, cualquiera que sea su preferencia política. Incluye también (agárrense fuerte) a la gente con ideas conservadoras.

Entonces mi amigo, que es de izquierdas de toda la vida, me dijo algo que me sorprendió y que inició el diálogo que transcribo a continuación:

— En el fondo la gente de derechas me parece más lógica y consecuente que la gente de izquierdas.

— ¿Cómo? ¿Desde cuándo alabas tú a los conservadores?

— Si lo piensas bien, es una verdad casi irrefutable. Estamos de acuerdo en que todos los medios de comunicación intentaron manipular la manifestación del 15-M y las protestas subsiguientes, ¿no?

— Sí, estamos de acuerdo.

— También los medios de izquierdas, si es que queda alguno.

— Cierto, si es que queda alguno.

—Tradicionalmente la derecha no se caracteriza por defender políticas sociales, sino más bien liberales, algo así como promover un sistema del tipo marica el último.

— ¿A qué te refieres con «un sistema del tipo marica el último»?

— Un sistema en el que el grande se come siempre al pequeño, un sistema en el que proteger y privilegiar a aquel que ya tiene privilegios, un sistema en el que quien accede al poder hará todo lo posible para retenerlo cueste lo que cueste, un sistema de la ley del más fuerte.

— Entiendo.

— Ahora, tradicionalmente también la izquierda se caracteriza por fomentar políticas sociales y defender a los débiles, ¿no?

— Tradicionalmente… y el teoría.

— Sí, claro.

— Entonces está claro que lo que no es lógico es que cuando el pueblo se harta y se lanza a las calles para exigir un mundo mejor como ocurrió el 15-M y los días siguientes, esta noticia fuera manipulada por medios de comunicación afines a la izquierda.

— Efectivamente, no es lo propio ni tampoco se entiende.

— Y, sin embargo, lo hicieron.

— Me temo que sí.

— La manipulación de los medios de derechas es más comprensible. ¿Cómo van a dar una noticia como la del 15-M si precisamente es ese tipo de noticias las que hacen daño a su ideología?

— Ahora entiendo porqué decías lo de que la derecha es más consecuente. Creo, además, que esto es lo que la hace más sólida frente a la izquierda. Aunque también creo que habría que matizar algo más. Si hablamos del votante de la derecha, puedo entender tu afirmación si éste votante es alguien de clase alta. En ese caso es normal que defienda a ultranza los ideales de la derecha porque es la derecha la que defenderá sus privilegios cuando esté en el poder. Pero…

— Ya sé lo que vas a decir —me interrumpió mi amigo—: ¿qué ocurre con el votante de derechas que pertenezca a una clase social baja, un mileurista, alguien como tú o como yo que por el motivo que sea, por ejemplo porque en su familia la mayoría ha sido siempre de derechas, él también lo es?

— Exacto. Ahí es donde yo quería llegar.

— Bueno, no sé. Yo ahí veo una incoherencia. Un votante de derechas de clase baja. Es algo paradójico.

— Sí, pero hay muchos. Yo conozco a varios.

— Imagino que esa gente vota a la derecha por inercia, porque su entorno es de derechas, por algún tipo de odio contra la izquierda. ¿Yo qué sé?

Canalizar la indignación

Estoy suscrito a listas de correos de #nolesvotes y recibo también información a través de Twitter sobre lo que ocurre en las acampadas de Madrid y Barcelona (entre otras). Además, mi hermana, que se ha pasado por allí, también me ha relatado cómo es el ambiente en la Plaza de Sol y más o menos me puedo hacer una idea. Algunas personas se quejan en los foros de que las acampadas se han convertido en territorio hippy y que la gente ha perdido el rumbo de lo que debería ser la esencia de la protesta. Es muy posible que en cierta forma haya ocurrido así, sobre todo cuando lo ocurrido se produce sin premeditación ni unas consignas definidas. Sin embargo, creo que aunque haya podido derivar en un campamento de colegas, creo que ésta es la única forma de empezar un cambio. El hecho de que haya sido un acto espontáneo implica que la protesta pueda resultar un arma de doble filo, es decir, que sea más susceptible de manipularse por grupos interesados con una ideología definida.

He leído en muchos blogs y correos de listas quejas de mucha gente que ve con tristeza —y algo de rabia también— cómo han derivado las acampadas en una especie de chiringuito hippy, gente que comprueba cómo lo que originalmente fue una reunión de personas indignadas se ha convertido en grupúsculos que practican el reiki, la meditación o imparten charlas de feminismo. Mi opinión es que esto no está mal siempre y cuando las asambleas no pierdan el norte. Hubo un momento en que la asamblea principal de Sol publicó un manifiesto con una gran cantidad puntos (que ahora no encuentro por ningún lado en Internet) pero que pronto fue simplificado en los puntos que originalmente sustentaron la indignación. En un grupo tan heterogéneo como la gente indignada que acampa en las plazas más importantes de España, lo mejor que podían haber hecho fue canalizar su indignación simplificando las reivindicaciones y los objetivos. Así, los curiosos que deciden pasarse por allí tendrán más fácil acceder a la información y a lo que se intenta transmitir.

Por lo tanto, veo normal lo que está ocurriendo, pero asimismo me sorprendo porque cada vez que da la sensación de que cuando las iniciativas se están saliendo de madre las asambleas rectifican inmediatamente. ¿Tiene sentido seguir acampados en las plazas? Pues bien, ahora leo con enorme agrado que están ponderando la idea de levantar las tiendas y transferir el modus operandi a los conjuntos vecinales. De esta forma se oxigena el movimiento, la gente que lleva días durmiendo en las plazas puede regresar a sus casas, descansar, refrescar las ideas, pero simultáneamente, al llevar la iniciativa a una circunscripción vecinal se puede llegar a mucha más gente sin perder por ello el mecanismo de coordinación adquirido. Me parece una idea estupenda, casi diría que brillante.

Conclusión

a) No nos dejemos manipular por los medios cualquier que sea su signo político. Busca tú mismo la información y en la medida de lo posible intenta contrastarla.

[Ejemplo: leer parte inferior izquierda de la portada de la razón el 28/05/2011]

b) Conciénciate y conciencia a los demás siempre desde el RESPETO de que este movimiento persigue un sistema y un mundo mejor para TODOS.

c) Que el hecho de ser ciudadano no implica sólo estar bajo el imperio de la Ley —tener derechos y obligaciones— y poder votar cada cuatro años. Ser ciudadano implica algo que muchos olvidan o que incluso desconocen: tener conciencia ciudadana y conciencia social. Es decir, lo que tú hagas afecta a los demás y lo que los demás hagan te afecta a ti. Esta es una de las leyes naturales de vivir en sociedad.

d) Que ésta puede ser una ocasión única de intentar cambiar la situación de injusticia y precariedad, y que no debemos desaprovechar, pues como puede comprobarse a lo largo de la historia pocas son las veces en las que la sociedad logra mentalizarse y concienciarse por conseguir un fin común. Detalle éste que la clase política y de poder tiene muy presente.

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