Sobre Japón, los expertos y los medios de comunicación

[Edit: el señor Molins ha escrito un comentario en la página Autor de este blog haciendo una serie de observaciones sobre este post. A modo de derecho a réplica he considerado oportuno reflejar al final del texto su comentario.]

En este preciso instante el Director de la Comisión Regulatoria Nuclear estadounidense acaba de afirmar que “creemos que hay altos niveles de radiación (…) Las dosis que pueden experimentar los trabajadores podrían ser potencialmente letales en un breve periodo de tiempo” (visto en El País):

Este post puede resultar oportunista, pero desde el lunes llevo leyendo noticias provenientes de diversos medios y blogs relacionados sobre física nuclear y ya no me aguanto, tenía que escribir este post. Unos defendiendo este sistema energético y afirmando por lo más sagrado que no va a haber otro Chernobyl, otros atacándolo a muerte y gritando a los cuatro vientos que todo se acaba. La verdad es que hay tanta información y tan diversa que uno no sabe qué creer. Sin embargo, el lunes me topé con dos páginas que minimizaban el desastre en que se está convirtiendo la central nuclear de Fukushima.

La primera fue este artículo del blog Física de película. Aquí el autor hace una traducción (muy buena, por cierto) de un artículo en inglés escrito por la excelentísima eminencia Dr. Joseph Oehmen titulado Why I’m not worried about Japan’s nuclear reactors (Por qué no me preocupan los reactores nucleares de Japón) en el que este buen hombre explica qué es una central nuclear, cómo está construida, qué tipos y niveles de seguridad hay y sobre todo, por qué no va a haber ninguna catástrofe. Su opinión es categórica y se puede resumir con la siguiente frase:

No hay y NO habrá liberaciones significativas de radiactividad.

¡Ala, porque yo lo valgo!

¿Cómo es posible que alguien que se cree una eminencia en estos temas pueda pronosticar y afirmar con tanta rotundidad una cosa así? Sobre todo cuando, que se sepa, no forma parte de las personas implicadas directamente en realizar los trabajos de contención en la central nuclear. No obstante, el artículo merece la pena leerlo sólo y exclusivamente por saber con palabras cercanas al vulgo, cómo es el funcionamiento y cómo están construidas las centrales nucleares. Por lo demás, debería haberse ahorrado todas sus afirmaciones que minimizan o niegan la posibilidad de un desastre.

La segunda página que leí terminó de indignarme por completo. Es una entrevista en El País al señor César Molins, Doctor en Ingeniería Nuclear, quien preguntado por las posibilidades de una catástrofe vierte afirmaciones contradictorias y únicamente basadas en suposiciones:

Aquí el señor Molins dice que es difícil hacer una valoración muy fiable, pero más abajo empezamos a ver cómo empieza a afirmar categóricamente que las consecuencias no serán dramáticas.

Afirmaciones categóricas como ésta de arriba me ponen los pelos de punta. ¿De dónde ha obtenido la información como para hacer tales afirmaciones? ¿Colabora en las tareas de control de la central nuclear de Fukushima?

Así que no nos enervemos más de la cuenta. Pero estaría bien saber cuánto es más de la cuenta.

¿Alguien me puede decir cuál es el peor terremoto imaginable? Lo siento mucho, pero no me lo trago, señor Molins, no me trago nada de lo que dice usted en sus respuestas. ¿Sabe por qué? Porque no da ningún dato, ninguna fuente, nada en lo que basarse y que sostenga sus argumentos. Esto lo podría haber dicho el tío Eulogio, ese que siempre encuentro en el bar de abajo tomándose unas cañas.

Para mí, este tipo de ejemplos son bastante vergonzosos y me reafirman en que hay que ir con mucho tacto a la hora de creerse lo que nos dicen, por mucho que vayan palabras de experto, doctor, ingeniero, por delante. Me pregunto qué estarán pensando ahora el Dr. Oehmen y el señor Molins y todos aquellos a los que se les ha ido la lengua y ven ahora cómo empeora a cada momento la situación en la central nuclear de Fukushima.

Por otro lado, los medios de comunicación se están cubriendo de gloria para obtener los réditos económicos que una historia tan suculenta les puede proporcionar. Aquí van varios ejemplos:

  • Una periodista de Antena 3 pide a una española residente en Japón que se grabe un día entero para mostrar el caos reinante. La respuesta de la española es que no existe tal caos.
  • En Ciencias y Cosas se hacen eco de la manipulación del diario El Mundo con las fotografías.
  • Aquí otro ejemplo de manipulación de El Mundo.

Está comprobado que el ser humano aprende a tronpicones y que a pesar de éstos, incluso a veces, tampoco aprende. Ahora se abre el debate de las nucleares (el Gobierno de España ha tardado en abrir el debate pero al final no han tenido más remedio que hacerlo, aunque sólo sea para revisar la seguridad de nuestras centrales), de si son o no seguras, de si lo ocurrido en Japón supera todas las expectativas y es tan excepcional que podemos seguir plantando centrales nucleares como setas porque son las más rentables y las más limpias y las más de todo. Yo todavía no me he decidido: ¿pronuclear? ¿Antinuclear? Pero hay dos aspectos que me parecen los más relevantes: por muchos y muy buenos sistemas de seguridad que existan en las centrales nucleares siempre existirá la posibilidad de que los desastres naturales se los pasen por el forro de los coj****. Y por otro lado los residuos tóxicos, cuya radiactividad es un lastre no sólo para nosotros sino para las generaciones futuras. Pero esto no es relevante, porque de algo nos tenemos que morir, y además ¿qué demonios nos importan las generaciones futuras si uno no va a estar ahí para ver lo que ocurre?

***

Comentario del Sr. Molins acerca de este post (puede leerse también aquí):

Apreciado comentarista de “la voz seca”,

Como ve, han pasado unos dos meses desde el desastre de Fukushima y, hasta esta hora no se sabe de NI UN SOLO MUERTO por razones radiológicas como consecuencia del accidente, por muy desastroso que éste fue.
Como puede haber comprobado (si es que puede apreciarlo con objetividad) se ha cumplido al pie de la letra practicamente lo que predije en el momento de mi entrevista digital en El Pais: La central destrozada e irrecuperable, pero ninguna consecuencia de gravedad radiológica para la población.
Y si Vd se preguntaba en qué basaba mis aseveraciones, para Vd. gratiutas y sin datos, le puedo decir que en un montón de años estudiando, cosa que el “tío Eulogio” como Vd. indicaba, seguramente no habría hecho. Naturalmente que le podía dar datos. Montañas de números. Y qué habríamos obtenido? Que la población me viera como un gran sabio pero que no tiene ni idea de comunicarse con la gente porque sólo suelta palabrajos incomprensibles? Yo opté por dar explicaciones inteligibles para la persona de la calle, en la esperanza de que “el ciudadano cualquiera” como Vd. define, considerara que alguien que ha estudiado un tema a fondo tiene una cierta autoridad para hablar de ello, más que muchos otros que vociferan, pero sin base técnica alguna.
Simplemente y con humildad, vea que se ha cumplido muy aproximedamente lo que predije. Nada en Tokyo (la gente se preguntaba si había que huir), nada a 200 Km de distancia, no explosión nuclear al estilo Chernóbil, No escape de núcleos fundidos,… Qué más quiere, cuando se hacían preguntas a las 48 horas del accidente y con información parca?
Yo creo que merece la pena dar oido a los que han estudiado un tema.
Afectuosamente,

Dr. César Molins

Mi respuesta (puede leerse también aquí):

Estimado Sr. Molins:

Gracias por su mensaje. El hecho de que se haya pasado por mi humilde blog y escrito palabras tan comedidas es de agradecer. Lo digo en serio. Y ahora que he revisado la entrada que a usted le concierne me doy cuenta de que debía haber sido algo más templado en los comentarios que hago sobre su persona. La educación que me ha mostrado con su comentario así me lo exhorta y tomaré nota para el futuro. Gracias.

En cuanto a mi postura crítica sobre el tratamiento del desastre de Fukushima tanto por los medios de comunicación en general como por expertos como usted, sigue siendo la misma. Me parece muy imprudente, aunque uno sea muy experto, describir la situación Fukushima como no grave o con escasas consecuencias para el medio ambiente y las personas sobre todo cuando éste había ocurrido hacía tan poco tiempo. Sinceramente me parece una temeridad. En primer lugar, porque en esos momentos, como usted mismo dice, no había mucha información y la que había era confusa. Pero déjeme que le insista: en estos momentos la información sigue siendo confusa (y escasa, para más inri). Me parece temerario rebajar la gravedad del accidente sólo porque usted es un experto sobre las características y el funcionamiento de una central nuclear. Si ya para las personas implicadas en las tareas de reconstrucción y evaluación de daños ha sido una odisea determinar el alcance del desastre, ¿cómo usted se atreve a decir que no es tan grave? ¿No habría sido más prudente insistirles a los lectores en que es muy pronto para hacer afirmaciones? Esto es lo que me molesta. Creo que habría que haber sido mucho más precavido en sus afirmaciones, y se lo digo con todo el respeto. Además, aunque no haya habido víctimas directas del desastre nuclear, no me puede negar que las noticias posteriores a su intervención en El País se alejaban absolutamente de sus predicciones: aumento a nivel 7 de categoría de desastre nuclear, aumento del área de seguridad de 30 a 40 km, grandes dificultades para restablecer la alimentación eléctrica, fugas involuntarias (y voluntarias también) del agua refrigerante al mar, subida de la tasa de radiación en el agua de Tokio, retirada de los supermercados de alimentos por altos contenidos de radiación, etc. y hace poco, confirmación de la fusión del núcleo en el reactor 1.

Soy consciente de que la información que había en aquel entonces y que usted manejaba era escasa, contradictoria y como mucho confusa, pero, insisto, algunas de sus afirmaciones me resultan algo precipitadas.

Estoy de acuerdo con usted en que usted como experto en energía nuclear es una de las personas más adecuadas para hablar e informar a la sociedad sobre este tema (¿quién si no?), por eso leí con tanto interés su entrevista. Pero no se trata de eso, se trata de que como ciudadano normal que intenta informarse por diversos medios para llegar a lo más parecido a la verdad, ante semejante drama ecológico y humano le suenan raras las expresiones del tipo: «no enervarse más de la cuenta» o «no va haber ni un solo muerto ni un solo cáncer». Esto último, desafortunadamente, está todavía por ver.

Para terminar, comentarle que voy a quitar de la entrada todas las expresiones despectivas sobre su intervención en la entrevista de El País. Aunque finalmente podemos comprobar que seguimos sin estar de acuerdo, le agradezco no obstante su comedidas palabras.

Afectuosamente
Daniel

***

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